Como dejar de discutir. El efecto espejo.

Voy por el mundo viéndome en mi vida sin enterarme.

Mi vida me da constantemente la oportunidad de conocer mi personaje, aquel disfraz que llevo puesto a través del cual me relaciono con el mundo. Mi personaje son las gafas con las que miro y a través de las cuales digo “esto mola”, o “esto no mola”.

Supón que llevas unas gafas de color rojo, y mi compañero unas de color azul. Si los 2 miramos al sol, yo lo veré naranja, y él verde. Si no soy consciente de llevar estas gafas, puedo estar discutiendo con mi amigo toda la vida sobre el color del sol. En el momento que reconozco que llevo unas gafas rojas y el lleva otras de otro color, la disputa pierde sentido. Yo ya no tengo porque convencer al otro del color del sol. Me doy cuenta que yo lo veo naranja por mis gafas y el verde por las suyas. Fíjate que por el solo hecho de darte cuenta de llevar unas gafas rojas, has dejado de “discutir” con tu amigo.

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En el momento que descubrimos nuestro personaje, y aprendemos a ver cómo éste tiñe toda nuestra vida, la lucha deja de tener sentido; sea cual sea el conflicto.

Entonces..

¿Cómo lo hago? ¿Cómo descubro el color de mis gafas?

Lo primero es entender en qué consiste descubrir el color de mis gafas. Te pondré un ejemplo. Cuando entras en una tienda de ropa, rápidamente, sin ni tan solo pensar, sabes lo que te gusta y lo que no. Con mucha facilidad podrías decir, “esto si me lo pondría” y “esto ni de coña”. ¿Quien toma esa decisión? ¿Tú? ¿Quién eres tu? ¿Tu personaje? ¿Qué es un personaje?

Vamos a ello:
Mira a tu alrededor y elige un objeto que no te guste. Yo por ejemplo elijo una silla. La experiencia de silla que estoy teniendo (lo que veo, pienso, siento, …), depende totalmente de todas mis experiencias pasadas con lo que conformar mi experiencia actual, en este caso, depende de mis experiencias pasadas con las sillas, la forma concreta de esta silla, el color de la silla, etc… si esta silla es verde, y de pequeño mis padre me obligaban a vestirme de verde cada día, es posible que las cosas verdes no me gusten, si además en el cole un niño me zurraba con una silla de madera, y esta es de madera, es posible que las cosas de madera no me gusten mucho, y así sucesivamente…

Fíjate entonces… ¿Qué es lo que ves en la silla?
¿La silla?

En realidad, no vemos la silla. Vemos nuestras experiencias pasadas sobre esa silla. Por tanto… Nos estamos viendo en la silla. Nos descubrimos a través de todo lo que sucede en nuestra vida.

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Cada una de las experiencias de nuestra vida, nos refleja nuestro personaje que es una acumulación de experiencias del pasado. Esta acumulación de experiencias del pasado las etiquetamos de buenas y malas. Las buenas las buscamos, las malas las evitamos o las ocultamos. Entonces, cuando voy a comprar ropa, y decido que no me comparé unos pantalones verdes, no soy yo quien lo decide. Es mi pasado. Mi personaje. Eso es el personaje. El que mira. Y siempre que mire a través del personaje sin darme cuenta, no soy libre de las decisiones que tomo. Las toma mi pasado.

Lo mismo me sucede con la gente. Cuando miro a alguien, todo aquello que percibo a través de los sentidos genera en mi una experiencia determinada de esa persona. Quizás porque se parece a un amigo de la infancia, o quizás por como se viste, o como habla y se expresa, por el color de los ojos, etc… todo esto genera en mi una experiencia determinada de esa persona. Lo más curioso de todo, es que yo intento comunicarme con esa “experiencia concreta de esa persona”. Es decir, cuando le mando un mensaje al otro, no se lo mando al otro de verdad, se lo mando a mi imagen del otro (la que crea mi personaje fruto del pasado). Por ejemplo, si la chica que me acabo de encontrar genera en mi una buena experiencia (porque la miro con las gafas de mi pasado y se parece a tal, o se expresa como cual, etc…) yo le hablaré con buen rollo. En realidad, estoy hablando, desde mi personaje (lo que me creo que soy) hacia mi imagen de ella (lo que creo que ella es). Esto lo que provoca es que espero una respuesta de esta imagen que tengo del otro… pero en realidad me responde el “verdadero otro”. Si la respuesta del “otro” no es la esperada, se genera conflicto. Aquí es donde se produce el efecto espejo. Choca mi imagen del otro con el “otro verdadero”. Y no me gusta.

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Y exactamente lo mismo sucede con las actitudes y situaciones externas. Cuando no me gusta la “arrogancia” del otro, en realidad me esta mostrando algo sobre mi relación con la “arrogancia”, de la misma manera que que cuando no me gustaba el verde, me mostraba algo sobre mi relación con el verde.

¿Y cómo puedo descubrir mi personaje?

Simplemente observando aquello que rechazo o que admiro.

Todo aquello que rechazo no es más que una parte de mi pasado que por lo que sea no acepto en mi presente (el verde, la madera, la arrogancia, …). La clave está en detectar aquello con lo que lucho de mi vida. Por ejemplo.. mi pareja me pone de los nervios. ¿Por qué? Porque siempre quiere que las cosas se hagan a su manera. Es hipercuadriculada. OK.

Ahí tienes tu espejo:

O tu eres hipercuadriculado o todo lo contrario, un happy flower.

  1. En el caso de que seas un happy flower, lo que te muestra la molestia que te genera tu pareja, es que no eres capaz de aceptar la cuadriculación. Por alguna razón. durante tu vida has “aprendido” a rechazar el orden y la estructura. Y ahora la vida te lo muestra. Simplemente para que aprendas a abrazarlo.
  2. En el caso de que seas un cuadriculado y te moleste la cuadriculación de tu pareja (que no quiere decir que ella lo sea… simplemente tu necesitas verlo en ella) te estaría mostrando que estás en ese polo, perdido, no aceptando la parte happy flower, pero como no eres capaz de verte y aceptarte como una persona cuadriculada, lo sacas afuera y “culpas” a los otros de serlo.

Observa todas aquellas situaciones en las que sientas rechazo por lo que sucede. Ahí tienes un regalo. A aquellas personas que más te molesten, hazles la ola. Ponles la alfombra roja. No las rechaces. Son la puerta a tu felicidad.

Si no eres capaz de sentir el rechazo o los mecanismos reactivos son muy fuertes, observa aquellas situaciones en las que juzgas, te quejas, niegas compulsivamente, te pones a la defensiva, te justificas, defiendes una opinión, usas la ironía, … En todas estas situaciones, algo o alguien esta “desmantelando” tu personaje. Lo está haciendo visible. Y eso es algo que al personaje no le gusta y se defiende para sostener su integridad y mantener su poder desde la sombra. Siempre que el personaje se hace visible, este pierde su poder.

En todas estas situaciones, te estás viendo a ti mismo.

¡Date una oportunidad de reconocer el color de tus gafas y dejar de discutir con la vida!

Publicado en El Efecto Espejo.

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