¿Porqué tengo miedo? ¿Porqué estoy triste? ¿Porqué el enfado?

Más que un porqué, lo que vamos a mirar aquí es el para qué. Me explico. El porqué siempre me lleva hacia afuera.
“- ¿Por que no tengo dinero a fin de mes? ¿Por que me pasa esto?
– Porque hay crisis.
– Porque mi jefe es un tal y no me sube el sueldo.
– Porqué me llegan gastos inesperados, etc.”

Si en cambio me pregunto
“¿Para que me pasa? (Me doy cuenta que el “para qué” apunta hacia mi y que por tanto las respuestas son mucho más “personales” ;-).)
– Para darme cuenta que no hay crisis y que ganarme la vida depende de mi.
– Para descubrir que soy yo que decido quedarme en este trabajo con este jefe por alguna razón.
– Para darme cuenta que yo limito mi cantidad de ingresos acorde a los gastos”.

Así que las preguntas del título también podrían ser: “¿Para qué tengo miedo? ¿Para qué estoy triste? ¿Para qué el enfado?”
¿Qué quiero “yo” conseguir con ello? Aquí, la gran pregunta es… ¿Quién es “yo”?
Como ya apuntaba en otro artículo que escribí, tendemos a confundirnos entre YO y yo :-D.

El yo en minúsculas es mi ego, mi personaje. ¿Y qué es el ego o el personaje? Podríamos decir que es nuestra manera de hacer las cosas, de actuar, de comportarnos, de hablar, etc. Es aquello que reconocemos fácilmente en los otros, por ejemplo, una persona que ya sabes que cuando quedas con ella está todo el rato hablando de ella, quejándose de lo mala que es la vida, etc. En este punto ya has definido a esta persona. Ya sabes “como es”. Esa persona es tal, tal y tal y funciona de tal manera. Eso es el personaje, el traje, y todos llevamos uno puesto. Tu también. En este artículo vamos a mirar los distintos tipos de personajes, como se han creado y sobretodo lo que andan buscando cuando sienten miedo.

El YO en mayúsculas es el que se da cuenta de que existe el “yo” en minúsculas. En el caso de la persona quejica que comentábamos antes, el YO es el que se da cuenta que el “yo” se está quejando y está intentando conseguir la atención del otro. El YO, es el que para esa conducta y empieza a poner atención cada vez que se repite. El YO es el que se da cuenta que el “yo” usa esa estrategia para llamar la atención constantemente, que busca que le hagan caso, que le vean y que crean en el. El YO es el que se da cuenta que en realidad el primero en no creer en él, es él mismo. El “yo” es el que piensa todo esto, el YO es el que se da cuenta de todo esto.

Pues hoy vamos a definir los “yo”es, en minúsculas, lo que buscan cuando tienen miedo, tristeza o rabia y su origen. Para eso vamos a usar el Eneagrama. El Eneagrama es un sistema que organiza todos los posibles “yo”es, es decir, todos los posibles personajes desde los que miro el mundo, en 9 tipos según 9 miedos que los impulsan. La organización de dichos tipos se basa en lo que “buscan”, en aquello que se creen que necesitan, aquello que quieren conseguir con su “actuación” en la vida. Todos los “yo”es quieren conseguir algo. Vamos a verlo:

Todos nosotros, cuando nacemos, venimos abiertos y confiando plenamente en la vida. Hemos estado una buena temporada en una “casita” donde recibíamos todo aquello que nos hacía falta (calor, cuidado, comida, …). Pero llega un dia que nacemos. Al nacer esperamos que la vida nos mime de la misma manera. ¿Y qué sucede? Que no es así. Cuando soy un bebé, me pongo a llorar porque me duele la barriga y mis padres con toda la buena fe, me dan de comer porque piensan que tengo habre. Y aquí empieza la película. Frente a la falta se soporte del entorno, el bebé hace una primera interpretación, que durante sus primeros años va consolidando y que se convertirá en lo que él piensa que es la vida. Esta primera interpretación es la que define nuestro personaje y hay 9 de ellas:

1. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “La vida no me da lo que esperaba… ¿Falla el mundo? ¿o fallo yo? Hay algo que anda mal. ¡Tendré que arreglarlo!”. De aquí surge el personaje que siempre encuentra cosas que “no estan bien” y deben ser corregidas. Y lo intenta intensamente. Pero no puede. ¿Por qué? Porque la vida es como es. ¿Y que pasa? Que le provoca rabia. “¡Pero la rabia no está bien! ¡Debo corregirla!” Y la reprime. ¿Y que sucede? Que siente frustración y resentimiento. Y vive constantemente buscando aquello que falla para corregirlo sin realmente conseguirlo. Y por supuesto siendo “impecable” y “perfecto” consigo mismo y con los otros para que no se le puede tachar a él como el “causante” de los problemas. Ese es su miedo principal. Ser erróneo o corrupto. No ser suficientemente bueno y moral. Siempre que surge ese miedo, lo que anda buscando es sostener el personaje de “perfecto”, de que hay algo que debe ser arreglado o mejorado. Ese “yo” es El Reformador.
Este personaje cuando se enfada es porque no puede sostener más su rabia. Y lo que quiere conseguir es cambiar algo, que “por las buenas” (es decir, la manera “correcta” desde su punto de vista), no ha podido cambiar. Explota. Siempre que se enfada, vuelve al origen de todo. Hay algo que está mal y debe ser correjido para que “yo” reciba lo que tenía antes de nacer… la paz y la confianza. Ese enfado, ya sea visible o no, refleja una no aceptación de las cosas tal como son. Ese enfado es un colapso del “yo” perfecto.

2. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “No me quieren. Si me quisieran me darían lo que merezco. ¿Qué puedo hacer para que me quieran? Dar”. Me doy cuenta que cuando doy “recibo” a menudo algo a cambio. La mirada amable y amorosa del otro. Así que empiezo a dar. Mi ayuda, mis consejos, mi apoyo, halagos, etc. Todo aquello que puede hacer que consiga “devolución” del otro para que parezca que he corregido “el error” original. Pero no funciona. No siempre que doy, recibo. Y ese es su miedo principal, a que no le necesiten. De aquí surge este personaje que necesita ser necesitado. Cuando el otro me necesita, todo anda bien. Cuando el otro tiene “una deuda” conmigo, todo anda bien. Pero cuando el otro no atiende a mis consejos, halagos o no quiere saber nada de mi…. eso me provoca rabia, por eso ataco. Para aplacar las voces que no sucumben a mi “yo”, que no me necesitan. Es orgulloso y no es consciente que necesite ayuda de nadie. Él está bién. Y es el salvador. Es El Ayudador. Este personaje anda siempre buscando que necesidades atender. Por eso se llama también El que Da. ¿Qué es aquello que necesita el que está a mi lado? ¿Cómo puedo cubrir su necesidad? De esta manera “estará en deuda conmigo” y mi “yo” recibirá, su gratitud, arreglando aquello que no funcionaba inicialmente al nacer. Siempre que este “yo” siente miedo o rabia es porque hay algo no alimenta su personaje y por tanto, sucumbir a ese miedo es alimentar el “yo”. Permitir que suceda lo que mi miedo no quiere que suceda, es alimentar mi YO.

3. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “No soy suficiente para recibir lo que merezco. Si fuera mejor, me lo darían. No me valoran lo que toca”. De aquí surge el personaje, que siempre está “creciendo”, siendo más y mejor. Destacando por encima de los otros para que le valoren lo suficiente y poder recibir lo esperado. Creando una imagen de si mismo bestial para que los otros “flipen”. Es El Triunfador. Pero no sucede. Al igual que en el caso anterior, es un pozo sin fondo. A más tengo, a más me creo que mi “yo” es más grande, más necesito. El vacío sigue allí ¿Y qué es el vacío? Mi autoengaño original de que algo anda mal, que no me valoran. Ese vacío es mi primer autoengaño: No valgo suficiente para que me den. La no aceptación de las cosas tal como son. Y eso me entristece. Este personaje no demuestra abiertamente su tristeza. Si lo hiciera, posiblemente no le valorarían. Así que la “oculta” hasta que peta y se deprime. Este personaje muchas veces ni se da cuenta que está triste. Proyecta una imagen de si mismo de éxito, perfección y felicidad. De ahí surge su miedo principal. A que esta valoración externa colapse. Al fracaso. Si la imagen que he creado de mi mismo cae, dejarán de valorarme… y seguiré sin recibir lo que espero de la vida. Así que siempre que este “yo” sostiene un personaje con una imagen determinada y tiene miedo, ese miedo a perder lo conseguido, ese miedo le invita a hacer más y más y más… a sostener hasta la muerte esa estructura vanidosa.

4. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “Si no me dan lo que necesito es que no me ven. ¿Hola? ¡Estoy aquí! ¡Y os estoy hablando!” De aquí nace el personaje que necesita ser visto. A toda costa. ¿Y como lo hace? De 2 maneras.
Por un lado este personaje siente que vive “aislado”, “nadie me entiende, soy raro, soy de otro mundo, …” y por tanto se queda en su mundo mental de historias y fantasía donde allí si que es alguien. Donde allí recibe la atención esperada. Esta estrategia mental le “entrena” en crear mundos fantásticos. Lo convierte en alguien muy creativo. Ese es un canal para que le vean. El arte, la belleza, la imaginación, la creatividad. Son “yo”es que buscan destacar por ser diferentes, creativos, tanto en su forma de vivir, vestir, hablar, crear, relacionarse, etc. Este “yo” es El Especial. Obviamente, esa sensación de no ser visto le lleva a estados anímicos tristes, melancólicos y depresivos. Y se da cuenta que eso también es una buena estrategia para atraer miradas externas. El victimismo es una de sus especialidades. Acostumbran a abrirse en canal, explicando sus vidas, sus emociones, su interior tan especial que nadie comprendre y sus grandes problemas. Así que cuando este personaje está triste, lo que busca es que le vean para solucionar el problema original. Su miedo principal es a no ser visto, a ser vulgar. Si es vulgar, no se le ve. Y eso no puede ser. Así que la estrategia de su miedo, lo que quiere conseguir, es constantemente mirar la manera de destacar.

5. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “Ostras, que chungo es esto… ¡no me gusta nada lo que siento! Tengo que evitarlo a toda costa. ¿Y por qué sucederá esto?” De aquí surge el personaje que por un lado quiere evitar sentir esa intensidad emocional inicial que no sabe como gestionar y por otro lado intenta entender el porqué de todo esto. Si lo entiende puede que pueda evitarlo en un futuro y no volverá a sufrir las consecuencias. ¿Pero qué sucede? Que se aísla en su mente. En su mundo analítico. Se separa de las personas para “no sentir” y vive observando e intentado entender el porqué de todo desde su trinchera. Este “yo” es El Observador. Es muy reservado y avaro de si mismo, su tiempo y su conocimiento. Vive con el miedo a que le vuelva a suceder y no ser capaz de afrontarlo ya que no lo entiende. Por eso aprende. Para entender el porqué. Descubrir el sentido de la vida y de las cosas de su día a día. ¿Pero que pasa? Que nunca puede llegar a entender plenamente la vida. Esta sucede tal como sucede. Y por más que se prepare, siempre le pillará desprevenido.
Este personaje cuando siente el miedo y la ansiedad, lo que busca es seguir aprendiendo y analizando el mundo para sentirse más seguro. “A más aprenda, más seguro estaré ya que tendré más posibilidades de estar preparado”. El miedo le impulsa a alimentar el personaje que cree que no está seguro y que no estará preparado en su momento. Su miedo principal, a que las cosas no tengan sentido. A que la vida le pille desprevenido y no sea capaz de responder.

6. Nazco. Espero que la vida me acoja, pero no es así. Y hago una interpretación:” La vida falla y no me da lo que quiero. Pues no me fío de ella.” De aquí surge el personaje que por un lado no se fía del mundo y por tanto siempre desconfía (de las personas que le rodean, de sus intenciones, de sus acciones, del mundo en general) y por otro lado tiene mucho miedo de tomar malas decisiones que le puedan perjudicar puesto que la vida es impredecible. Es El que Duda. ¿Pero que sucede? Pues al igual que con los otros personajes, el mundo, ni es malo ni le ha hecho nada en realidad. Es una alucinación. Pero fruto de su miedo, duda mucho y necesita un apoyo para avanzar. Así que se junta con una pareja (o con un grupo de personas), al que le es super fiel puesto que esta persona le acompaña en la toma de decisiones en su día a día (necesita del otro para no bloquearse en la duda y el miedo). Por eso se le llama también El Leal. Este personaje vive con el miedo constante a que la vida “se la pegue”, a tomar malas decisiones que le afecten y a quedarse sin la persona/s que le apoya/n. Por eso están siempre leyendo entre lineas, aunque no haya lineas entre las que leer, para anticipar la posible “torta” que la vida les dará. Su personaje utiliza el miedo para hacerle creer que: “a más lea entre lineas, más seguro estaré, ya que tendré más posibilidades de preveer lo que me va a caer encima”. Lo que busca con su miedo es anticipar los peligros para sentirse seguro. Pero de nuevo.. este no soy YO, soy yo. Y el “yo” me lleva por el camino de la amargura si le dejo hacerlo ;-). Su miedo principal, a tener que tomar decisiones por si mismo, y que estás, si son erróneas, le perjudiquen.

7. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “¡Uau! Aquí me tienen a pan y agua. ¡Esto es la travesía del desierto!” De aquí surge el personaje que tiene una tremenda sensación de carencia. De que la vida es escasa. ¿Y que hace? Pues hacerla “abundante”. Se monta su propio oasis en medio del desierto, llenando de actividades y placeres su día a día. Organiza y estructura su vida para que no haya ni un minuto de espacio vacío, carente. Ocupa la llanura. Y se lo prepara muy bien. Tiene planes paralelos a los planes principales por si alguno falla. Así no tiene que volver a sentir esa sensación de “carencia”. Este “yo” es El Planificador. Ese es su miedo. Al sufrimiento del vacío. A no sentirse lleno. ¿Pero que pasa? Que como sucede con los otros personajes, es el propio miedo al vacío es el que crea el vacío. El vacío no está. Lo crea el “yo”. Así que siempre que sucumbe a su miedo alimenta el vacío. A más falsa abundancia crea, más se cree que existe un vacío. Entonces su miedo lo que busca es que planifique más actividades para ser más “falso abundante” para asentar más profundamente el vacío y el “yo” que le controla. También se le llama El Epicúreo (el que busca el placer para evitar el dolor).

8. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: (esta frase que viene ahora no es apta para menores) “¡Esto es una putada! Me estáis jodiendo la vida. ¡¡¡Sois unos cabrones y os vais a cagar!!!” Ta cual. De aquí surge el personaje que tiene la sensación que le están atacando, que todo aquello que no es como él espera, es porque alguien le quiere fastidiar. Y se venga duramente. Genera el patrón de: un buen ataque es la mejor defensa. Así que vive siempre al ataque evitando ser dañado y controlando las situaciones por fuerza bruta. Su miedo principal es a ser herido y no tener el control de su vida y de él mismo. Por eso siempre lo fuerza todo tanto y lleva las situaciones al extremo. Él no caerá. Antes caerá en otro, pero yo moriré en el intento si hace falta antes de que me dobleguen. De nuevo eso vuelve a ser un “yo”. A este “yo” se le llama El Desafiador. Un personaje que se ha creído que alguien le ataca con malas intenciones y que la vida está en su contra. Cuando siente miedo (aunque parezca que este tipo de personaje no lo sienta), lo que le está pidiendo es dominar, controlar, aplacar. ¿Pero que sucede? Cuando aparece el YO y no sucumbe a su miedo, se da cuenta que cuando baja la guardia, la vida deja de darle “ostias”. Otra vez… las “ostias” son alucinaciones del “yo”.

9. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “Que raro… papá y mamá no atienden a mis necesidades… ¿será porqué no son importantes?”. De aquí surge el personaje que deja de atender a sus necesidades puesto que es lo correcto… lo que hacen papá y mamá. Así que se olvida de si mismo. Deja de mirar lo que necesita y se deja llevar por los otros. No es que atienda antes a las necesidades de los otros, es que no atiende a las suyas y se deja llevar. ¿Pero qué sucede? Que sus necesidades GRITAN, y de vez en cuando salen a la luz generando una explosión de rabia. Ese enfado no es por lo que ha hecho el otro. Es por no haberse atendido antes y no ser capaz de aceptarlo. Es una explosión de acumulación del solicitudes del YO por salir. Y al final siempre salen. Su miedo le paraliza. Su miedo surge cuando su YO habla. Cuando sus necesidades quieren salir a la luz, surge el miedo a tener que decir la suya. A confrontarse. A que haya cambios en la forma que las cosas suceden. Su miedo de nuevo alimenta su “yo”, para que siga callando y agachando la cabeza. Evita siempre el conflicto intentando que su vida sea una balsa de aceite. Por eso se le llama El Pacificador. Su miedo le hace pequeño y evita que su YO surja a la luz.

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Una recomendación. Un miedo, al contrario de lo que hemos aprendido toda nuestra vida, no indica algo a evitar. Un miedo indica una dirección clara hacia la que ir. Os invito a mirar de frente los miedos (obviamente, este tipo de miedos psicológicos. Ahora no os tiréis por un balcón porqué os da miedo jajaja). Pero tened en cuenta que detrás de un miedo está la Magia de la Vida.

¡¡A por ella!!

 

Publicado en El Efecto Espejo.

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