¿Porqué tengo miedo? ¿Porqué estoy triste? ¿Porqué el enfado?

Más que un porqué, lo que vamos a mirar aquí es el para qué. Me explico. El porqué siempre me lleva hacia afuera.
“- ¿Por que no tengo dinero a fin de mes? ¿Por que me pasa esto?
– Porque hay crisis.
– Porque mi jefe es un tal y no me sube el sueldo.
– Porqué me llegan gastos inesperados, etc.”

Si en cambio me pregunto
“¿Para que me pasa? (Me doy cuenta que el “para qué” apunta hacia mi y que por tanto las respuestas son mucho más “personales” ;-).)
– Para darme cuenta que no hay crisis y que ganarme la vida depende de mi.
– Para descubrir que soy yo que decido quedarme en este trabajo con este jefe por alguna razón.
– Para darme cuenta que yo limito mi cantidad de ingresos acorde a los gastos”.

Así que las preguntas del título también podrían ser: “¿Para qué tengo miedo? ¿Para qué estoy triste? ¿Para qué el enfado?”
¿Qué quiero “yo” conseguir con ello? Aquí, la gran pregunta es… ¿Quién es “yo”?
Como ya apuntaba en otro artículo que escribí, tendemos a confundirnos entre YO y yo :-D.

El yo en minúsculas es mi ego, mi personaje. ¿Y qué es el ego o el personaje? Podríamos decir que es nuestra manera de hacer las cosas, de actuar, de comportarnos, de hablar, etc. Es aquello que reconocemos fácilmente en los otros, por ejemplo, una persona que ya sabes que cuando quedas con ella está todo el rato hablando de ella, quejándose de lo mala que es la vida, etc. En este punto ya has definido a esta persona. Ya sabes “como es”. Esa persona es tal, tal y tal y funciona de tal manera. Eso es el personaje, el traje, y todos llevamos uno puesto. Tu también. En este artículo vamos a mirar los distintos tipos de personajes, como se han creado y sobretodo lo que andan buscando cuando sienten miedo.

El YO en mayúsculas es el que se da cuenta de que existe el “yo” en minúsculas. En el caso de la persona quejica que comentábamos antes, el YO es el que se da cuenta que el “yo” se está quejando y está intentando conseguir la atención del otro. El YO, es el que para esa conducta y empieza a poner atención cada vez que se repite. El YO es el que se da cuenta que el “yo” usa esa estrategia para llamar la atención constantemente, que busca que le hagan caso, que le vean y que crean en el. El YO es el que se da cuenta que en realidad el primero en no creer en él, es él mismo. El “yo” es el que piensa todo esto, el YO es el que se da cuenta de todo esto.

Pues hoy vamos a definir los “yo”es, en minúsculas, lo que buscan cuando tienen miedo, tristeza o rabia y su origen. Para eso vamos a usar el Eneagrama. El Eneagrama es un sistema que organiza todos los posibles “yo”es, es decir, todos los posibles personajes desde los que miro el mundo, en 9 tipos según 9 miedos que los impulsan. La organización de dichos tipos se basa en lo que “buscan”, en aquello que se creen que necesitan, aquello que quieren conseguir con su “actuación” en la vida. Todos los “yo”es quieren conseguir algo. Vamos a verlo:

Todos nosotros, cuando nacemos, venimos abiertos y confiando plenamente en la vida. Hemos estado una buena temporada en una “casita” donde recibíamos todo aquello que nos hacía falta (calor, cuidado, comida, …). Pero llega un dia que nacemos. Al nacer esperamos que la vida nos mime de la misma manera. ¿Y qué sucede? Que no es así. Cuando soy un bebé, me pongo a llorar porque me duele la barriga y mis padres con toda la buena fe, me dan de comer porque piensan que tengo habre. Y aquí empieza la película. Frente a la falta se soporte del entorno, el bebé hace una primera interpretación, que durante sus primeros años va consolidando y que se convertirá en lo que él piensa que es la vida. Esta primera interpretación es la que define nuestro personaje y hay 9 de ellas:

1. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “La vida no me da lo que esperaba… ¿Falla el mundo? ¿o fallo yo? Hay algo que anda mal. ¡Tendré que arreglarlo!”. De aquí surge el personaje que siempre encuentra cosas que “no estan bien” y deben ser corregidas. Y lo intenta intensamente. Pero no puede. ¿Por qué? Porque la vida es como es. ¿Y que pasa? Que le provoca rabia. “¡Pero la rabia no está bien! ¡Debo corregirla!” Y la reprime. ¿Y que sucede? Que siente frustración y resentimiento. Y vive constantemente buscando aquello que falla para corregirlo sin realmente conseguirlo. Y por supuesto siendo “impecable” y “perfecto” consigo mismo y con los otros para que no se le puede tachar a él como el “causante” de los problemas. Ese es su miedo principal. Ser erróneo o corrupto. No ser suficientemente bueno y moral. Siempre que surge ese miedo, lo que anda buscando es sostener el personaje de “perfecto”, de que hay algo que debe ser arreglado o mejorado. Ese “yo” es El Reformador.
Este personaje cuando se enfada es porque no puede sostener más su rabia. Y lo que quiere conseguir es cambiar algo, que “por las buenas” (es decir, la manera “correcta” desde su punto de vista), no ha podido cambiar. Explota. Siempre que se enfada, vuelve al origen de todo. Hay algo que está mal y debe ser correjido para que “yo” reciba lo que tenía antes de nacer… la paz y la confianza. Ese enfado, ya sea visible o no, refleja una no aceptación de las cosas tal como son. Ese enfado es un colapso del “yo” perfecto.

2. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “No me quieren. Si me quisieran me darían lo que merezco. ¿Qué puedo hacer para que me quieran? Dar”. Me doy cuenta que cuando doy “recibo” a menudo algo a cambio. La mirada amable y amorosa del otro. Así que empiezo a dar. Mi ayuda, mis consejos, mi apoyo, halagos, etc. Todo aquello que puede hacer que consiga “devolución” del otro para que parezca que he corregido “el error” original. Pero no funciona. No siempre que doy, recibo. Y ese es su miedo principal, a que no le necesiten. De aquí surge este personaje que necesita ser necesitado. Cuando el otro me necesita, todo anda bien. Cuando el otro tiene “una deuda” conmigo, todo anda bien. Pero cuando el otro no atiende a mis consejos, halagos o no quiere saber nada de mi…. eso me provoca rabia, por eso ataco. Para aplacar las voces que no sucumben a mi “yo”, que no me necesitan. Es orgulloso y no es consciente que necesite ayuda de nadie. Él está bién. Y es el salvador. Es El Ayudador. Este personaje anda siempre buscando que necesidades atender. Por eso se llama también El que Da. ¿Qué es aquello que necesita el que está a mi lado? ¿Cómo puedo cubrir su necesidad? De esta manera “estará en deuda conmigo” y mi “yo” recibirá, su gratitud, arreglando aquello que no funcionaba inicialmente al nacer. Siempre que este “yo” siente miedo o rabia es porque hay algo no alimenta su personaje y por tanto, sucumbir a ese miedo es alimentar el “yo”. Permitir que suceda lo que mi miedo no quiere que suceda, es alimentar mi YO.

3. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “No soy suficiente para recibir lo que merezco. Si fuera mejor, me lo darían. No me valoran lo que toca”. De aquí surge el personaje, que siempre está “creciendo”, siendo más y mejor. Destacando por encima de los otros para que le valoren lo suficiente y poder recibir lo esperado. Creando una imagen de si mismo bestial para que los otros “flipen”. Es El Triunfador. Pero no sucede. Al igual que en el caso anterior, es un pozo sin fondo. A más tengo, a más me creo que mi “yo” es más grande, más necesito. El vacío sigue allí ¿Y qué es el vacío? Mi autoengaño original de que algo anda mal, que no me valoran. Ese vacío es mi primer autoengaño: No valgo suficiente para que me den. La no aceptación de las cosas tal como son. Y eso me entristece. Este personaje no demuestra abiertamente su tristeza. Si lo hiciera, posiblemente no le valorarían. Así que la “oculta” hasta que peta y se deprime. Este personaje muchas veces ni se da cuenta que está triste. Proyecta una imagen de si mismo de éxito, perfección y felicidad. De ahí surge su miedo principal. A que esta valoración externa colapse. Al fracaso. Si la imagen que he creado de mi mismo cae, dejarán de valorarme… y seguiré sin recibir lo que espero de la vida. Así que siempre que este “yo” sostiene un personaje con una imagen determinada y tiene miedo, ese miedo a perder lo conseguido, ese miedo le invita a hacer más y más y más… a sostener hasta la muerte esa estructura vanidosa.

4. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “Si no me dan lo que necesito es que no me ven. ¿Hola? ¡Estoy aquí! ¡Y os estoy hablando!” De aquí nace el personaje que necesita ser visto. A toda costa. ¿Y como lo hace? De 2 maneras.
Por un lado este personaje siente que vive “aislado”, “nadie me entiende, soy raro, soy de otro mundo, …” y por tanto se queda en su mundo mental de historias y fantasía donde allí si que es alguien. Donde allí recibe la atención esperada. Esta estrategia mental le “entrena” en crear mundos fantásticos. Lo convierte en alguien muy creativo. Ese es un canal para que le vean. El arte, la belleza, la imaginación, la creatividad. Son “yo”es que buscan destacar por ser diferentes, creativos, tanto en su forma de vivir, vestir, hablar, crear, relacionarse, etc. Este “yo” es El Especial. Obviamente, esa sensación de no ser visto le lleva a estados anímicos tristes, melancólicos y depresivos. Y se da cuenta que eso también es una buena estrategia para atraer miradas externas. El victimismo es una de sus especialidades. Acostumbran a abrirse en canal, explicando sus vidas, sus emociones, su interior tan especial que nadie comprendre y sus grandes problemas. Así que cuando este personaje está triste, lo que busca es que le vean para solucionar el problema original. Su miedo principal es a no ser visto, a ser vulgar. Si es vulgar, no se le ve. Y eso no puede ser. Así que la estrategia de su miedo, lo que quiere conseguir, es constantemente mirar la manera de destacar.

5. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “Ostras, que chungo es esto… ¡no me gusta nada lo que siento! Tengo que evitarlo a toda costa. ¿Y por qué sucederá esto?” De aquí surge el personaje que por un lado quiere evitar sentir esa intensidad emocional inicial que no sabe como gestionar y por otro lado intenta entender el porqué de todo esto. Si lo entiende puede que pueda evitarlo en un futuro y no volverá a sufrir las consecuencias. ¿Pero qué sucede? Que se aísla en su mente. En su mundo analítico. Se separa de las personas para “no sentir” y vive observando e intentado entender el porqué de todo desde su trinchera. Este “yo” es El Observador. Es muy reservado y avaro de si mismo, su tiempo y su conocimiento. Vive con el miedo a que le vuelva a suceder y no ser capaz de afrontarlo ya que no lo entiende. Por eso aprende. Para entender el porqué. Descubrir el sentido de la vida y de las cosas de su día a día. ¿Pero que pasa? Que nunca puede llegar a entender plenamente la vida. Esta sucede tal como sucede. Y por más que se prepare, siempre le pillará desprevenido.
Este personaje cuando siente el miedo y la ansiedad, lo que busca es seguir aprendiendo y analizando el mundo para sentirse más seguro. “A más aprenda, más seguro estaré ya que tendré más posibilidades de estar preparado”. El miedo le impulsa a alimentar el personaje que cree que no está seguro y que no estará preparado en su momento. Su miedo principal, a que las cosas no tengan sentido. A que la vida le pille desprevenido y no sea capaz de responder.

6. Nazco. Espero que la vida me acoja, pero no es así. Y hago una interpretación:” La vida falla y no me da lo que quiero. Pues no me fío de ella.” De aquí surge el personaje que por un lado no se fía del mundo y por tanto siempre desconfía (de las personas que le rodean, de sus intenciones, de sus acciones, del mundo en general) y por otro lado tiene mucho miedo de tomar malas decisiones que le puedan perjudicar puesto que la vida es impredecible. Es El que Duda. ¿Pero que sucede? Pues al igual que con los otros personajes, el mundo, ni es malo ni le ha hecho nada en realidad. Es una alucinación. Pero fruto de su miedo, duda mucho y necesita un apoyo para avanzar. Así que se junta con una pareja (o con un grupo de personas), al que le es super fiel puesto que esta persona le acompaña en la toma de decisiones en su día a día (necesita del otro para no bloquearse en la duda y el miedo). Por eso se le llama también El Leal. Este personaje vive con el miedo constante a que la vida “se la pegue”, a tomar malas decisiones que le afecten y a quedarse sin la persona/s que le apoya/n. Por eso están siempre leyendo entre lineas, aunque no haya lineas entre las que leer, para anticipar la posible “torta” que la vida les dará. Su personaje utiliza el miedo para hacerle creer que: “a más lea entre lineas, más seguro estaré, ya que tendré más posibilidades de preveer lo que me va a caer encima”. Lo que busca con su miedo es anticipar los peligros para sentirse seguro. Pero de nuevo.. este no soy YO, soy yo. Y el “yo” me lleva por el camino de la amargura si le dejo hacerlo ;-). Su miedo principal, a tener que tomar decisiones por si mismo, y que estás, si son erróneas, le perjudiquen.

7. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “¡Uau! Aquí me tienen a pan y agua. ¡Esto es la travesía del desierto!” De aquí surge el personaje que tiene una tremenda sensación de carencia. De que la vida es escasa. ¿Y que hace? Pues hacerla “abundante”. Se monta su propio oasis en medio del desierto, llenando de actividades y placeres su día a día. Organiza y estructura su vida para que no haya ni un minuto de espacio vacío, carente. Ocupa la llanura. Y se lo prepara muy bien. Tiene planes paralelos a los planes principales por si alguno falla. Así no tiene que volver a sentir esa sensación de “carencia”. Este “yo” es El Planificador. Ese es su miedo. Al sufrimiento del vacío. A no sentirse lleno. ¿Pero que pasa? Que como sucede con los otros personajes, es el propio miedo al vacío es el que crea el vacío. El vacío no está. Lo crea el “yo”. Así que siempre que sucumbe a su miedo alimenta el vacío. A más falsa abundancia crea, más se cree que existe un vacío. Entonces su miedo lo que busca es que planifique más actividades para ser más “falso abundante” para asentar más profundamente el vacío y el “yo” que le controla. También se le llama El Epicúreo (el que busca el placer para evitar el dolor).

8. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: (esta frase que viene ahora no es apta para menores) “¡Esto es una putada! Me estáis jodiendo la vida. ¡¡¡Sois unos cabrones y os vais a cagar!!!” Ta cual. De aquí surge el personaje que tiene la sensación que le están atacando, que todo aquello que no es como él espera, es porque alguien le quiere fastidiar. Y se venga duramente. Genera el patrón de: un buen ataque es la mejor defensa. Así que vive siempre al ataque evitando ser dañado y controlando las situaciones por fuerza bruta. Su miedo principal es a ser herido y no tener el control de su vida y de él mismo. Por eso siempre lo fuerza todo tanto y lleva las situaciones al extremo. Él no caerá. Antes caerá en otro, pero yo moriré en el intento si hace falta antes de que me dobleguen. De nuevo eso vuelve a ser un “yo”. A este “yo” se le llama El Desafiador. Un personaje que se ha creído que alguien le ataca con malas intenciones y que la vida está en su contra. Cuando siente miedo (aunque parezca que este tipo de personaje no lo sienta), lo que le está pidiendo es dominar, controlar, aplacar. ¿Pero que sucede? Cuando aparece el YO y no sucumbe a su miedo, se da cuenta que cuando baja la guardia, la vida deja de darle “ostias”. Otra vez… las “ostias” son alucinaciones del “yo”.

9. Nazco. Espero que la vida me acoja y me proporcione todo lo que necesito, pero no es así. Y hago una interpretación: “Que raro… papá y mamá no atienden a mis necesidades… ¿será porqué no son importantes?”. De aquí surge el personaje que deja de atender a sus necesidades puesto que es lo correcto… lo que hacen papá y mamá. Así que se olvida de si mismo. Deja de mirar lo que necesita y se deja llevar por los otros. No es que atienda antes a las necesidades de los otros, es que no atiende a las suyas y se deja llevar. ¿Pero qué sucede? Que sus necesidades GRITAN, y de vez en cuando salen a la luz generando una explosión de rabia. Ese enfado no es por lo que ha hecho el otro. Es por no haberse atendido antes y no ser capaz de aceptarlo. Es una explosión de acumulación del solicitudes del YO por salir. Y al final siempre salen. Su miedo le paraliza. Su miedo surge cuando su YO habla. Cuando sus necesidades quieren salir a la luz, surge el miedo a tener que decir la suya. A confrontarse. A que haya cambios en la forma que las cosas suceden. Su miedo de nuevo alimenta su “yo”, para que siga callando y agachando la cabeza. Evita siempre el conflicto intentando que su vida sea una balsa de aceite. Por eso se le llama El Pacificador. Su miedo le hace pequeño y evita que su YO surja a la luz.

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Una recomendación. Un miedo, al contrario de lo que hemos aprendido toda nuestra vida, no indica algo a evitar. Un miedo indica una dirección clara hacia la que ir. Os invito a mirar de frente los miedos (obviamente, este tipo de miedos psicológicos. Ahora no os tiréis por un balcón porqué os da miedo jajaja). Pero tened en cuenta que detrás de un miedo está la Magia de la Vida.

¡¡A por ella!!

 

Como dejar de discutir. El efecto espejo.

Voy por el mundo viéndome en mi vida sin enterarme.

Mi vida me da constantemente la oportunidad de conocer mi personaje, aquel disfraz que llevo puesto a través del cual me relaciono con el mundo. Mi personaje son las gafas con las que miro y a través de las cuales digo “esto mola”, o “esto no mola”.

Supón que llevas unas gafas de color rojo, y mi compañero unas de color azul. Si los 2 miramos al sol, yo lo veré naranja, y él verde. Si no soy consciente de llevar estas gafas, puedo estar discutiendo con mi amigo toda la vida sobre el color del sol. En el momento que reconozco que llevo unas gafas rojas y el lleva otras de otro color, la disputa pierde sentido. Yo ya no tengo porque convencer al otro del color del sol. Me doy cuenta que yo lo veo naranja por mis gafas y el verde por las suyas. Fíjate que por el solo hecho de darte cuenta de llevar unas gafas rojas, has dejado de “discutir” con tu amigo.

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En el momento que descubrimos nuestro personaje, y aprendemos a ver cómo éste tiñe toda nuestra vida, la lucha deja de tener sentido; sea cual sea el conflicto.

Entonces..

¿Cómo lo hago? ¿Cómo descubro el color de mis gafas?

Lo primero es entender en qué consiste descubrir el color de mis gafas. Te pondré un ejemplo. Cuando entras en una tienda de ropa, rápidamente, sin ni tan solo pensar, sabes lo que te gusta y lo que no. Con mucha facilidad podrías decir, “esto si me lo pondría” y “esto ni de coña”. ¿Quien toma esa decisión? ¿Tú? ¿Quién eres tu? ¿Tu personaje? ¿Qué es un personaje?

Vamos a ello:
Mira a tu alrededor y elige un objeto que no te guste. Yo por ejemplo elijo una silla. La experiencia de silla que estoy teniendo (lo que veo, pienso, siento, …), depende totalmente de todas mis experiencias pasadas con lo que conformar mi experiencia actual, en este caso, depende de mis experiencias pasadas con las sillas, la forma concreta de esta silla, el color de la silla, etc… si esta silla es verde, y de pequeño mis padre me obligaban a vestirme de verde cada día, es posible que las cosas verdes no me gusten, si además en el cole un niño me zurraba con una silla de madera, y esta es de madera, es posible que las cosas de madera no me gusten mucho, y así sucesivamente…

Fíjate entonces… ¿Qué es lo que ves en la silla?
¿La silla?

En realidad, no vemos la silla. Vemos nuestras experiencias pasadas sobre esa silla. Por tanto… Nos estamos viendo en la silla. Nos descubrimos a través de todo lo que sucede en nuestra vida.

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Cada una de las experiencias de nuestra vida, nos refleja nuestro personaje que es una acumulación de experiencias del pasado. Esta acumulación de experiencias del pasado las etiquetamos de buenas y malas. Las buenas las buscamos, las malas las evitamos o las ocultamos. Entonces, cuando voy a comprar ropa, y decido que no me comparé unos pantalones verdes, no soy yo quien lo decide. Es mi pasado. Mi personaje. Eso es el personaje. El que mira. Y siempre que mire a través del personaje sin darme cuenta, no soy libre de las decisiones que tomo. Las toma mi pasado.

Lo mismo me sucede con la gente. Cuando miro a alguien, todo aquello que percibo a través de los sentidos genera en mi una experiencia determinada de esa persona. Quizás porque se parece a un amigo de la infancia, o quizás por como se viste, o como habla y se expresa, por el color de los ojos, etc… todo esto genera en mi una experiencia determinada de esa persona. Lo más curioso de todo, es que yo intento comunicarme con esa “experiencia concreta de esa persona”. Es decir, cuando le mando un mensaje al otro, no se lo mando al otro de verdad, se lo mando a mi imagen del otro (la que crea mi personaje fruto del pasado). Por ejemplo, si la chica que me acabo de encontrar genera en mi una buena experiencia (porque la miro con las gafas de mi pasado y se parece a tal, o se expresa como cual, etc…) yo le hablaré con buen rollo. En realidad, estoy hablando, desde mi personaje (lo que me creo que soy) hacia mi imagen de ella (lo que creo que ella es). Esto lo que provoca es que espero una respuesta de esta imagen que tengo del otro… pero en realidad me responde el “verdadero otro”. Si la respuesta del “otro” no es la esperada, se genera conflicto. Aquí es donde se produce el efecto espejo. Choca mi imagen del otro con el “otro verdadero”. Y no me gusta.

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Y exactamente lo mismo sucede con las actitudes y situaciones externas. Cuando no me gusta la “arrogancia” del otro, en realidad me esta mostrando algo sobre mi relación con la “arrogancia”, de la misma manera que que cuando no me gustaba el verde, me mostraba algo sobre mi relación con el verde.

¿Y cómo puedo descubrir mi personaje?

Simplemente observando aquello que rechazo o que admiro.

Todo aquello que rechazo no es más que una parte de mi pasado que por lo que sea no acepto en mi presente (el verde, la madera, la arrogancia, …). La clave está en detectar aquello con lo que lucho de mi vida. Por ejemplo.. mi pareja me pone de los nervios. ¿Por qué? Porque siempre quiere que las cosas se hagan a su manera. Es hipercuadriculada. OK.

Ahí tienes tu espejo:

O tu eres hipercuadriculado o todo lo contrario, un happy flower.

  1. En el caso de que seas un happy flower, lo que te muestra la molestia que te genera tu pareja, es que no eres capaz de aceptar la cuadriculación. Por alguna razón. durante tu vida has “aprendido” a rechazar el orden y la estructura. Y ahora la vida te lo muestra. Simplemente para que aprendas a abrazarlo.
  2. En el caso de que seas un cuadriculado y te moleste la cuadriculación de tu pareja (que no quiere decir que ella lo sea… simplemente tu necesitas verlo en ella) te estaría mostrando que estás en ese polo, perdido, no aceptando la parte happy flower, pero como no eres capaz de verte y aceptarte como una persona cuadriculada, lo sacas afuera y “culpas” a los otros de serlo.

Observa todas aquellas situaciones en las que sientas rechazo por lo que sucede. Ahí tienes un regalo. A aquellas personas que más te molesten, hazles la ola. Ponles la alfombra roja. No las rechaces. Son la puerta a tu felicidad.

Si no eres capaz de sentir el rechazo o los mecanismos reactivos son muy fuertes, observa aquellas situaciones en las que juzgas, te quejas, niegas compulsivamente, te pones a la defensiva, te justificas, defiendes una opinión, usas la ironía, … En todas estas situaciones, algo o alguien esta “desmantelando” tu personaje. Lo está haciendo visible. Y eso es algo que al personaje no le gusta y se defiende para sostener su integridad y mantener su poder desde la sombra. Siempre que el personaje se hace visible, este pierde su poder.

En todas estas situaciones, te estás viendo a ti mismo.

¡Date una oportunidad de reconocer el color de tus gafas y dejar de discutir con la vida!

¿Quién soy yo? Sé tu mismo. El efecto espejo

Os presento una charla con algunas herramientas interesantes para poder des-cubrir aquello de nosotros que no vemos. ¿Soy yo el que actúa? ¿Qué me limita? ¿Hasta donde soy libre de tomar mis decisiones?
La idea es que todos nos llevemos algo a casa. Algo en lo que pensar, alguna herramienta, algo que nos sea útil para mejorar nuestra vida.

Usaremos los espejos para mirarnos, descubrirnos. Veremos el mecanismo que hay detrás del efecto espejo. Cómo en todo aquello que rechazo, o no me gusta, o juzgo, o pienso que podría ser mejor, hay una parte de mi que no quiero ver y que no es más que un reflejo mío. “Lo que no me gusta de ti, lo corrijo en mi” ¿Y cómo es eso? Lo veremos en la charla 😀

También veremos como la vida tiende al equilibrio. Cómo todo aquello que me molesta fuera simplemente me está diciendo que estoy “pasado de vueltas” en ese tema. Y cómo la vida simplemente me lo esta mostrando para que lo acepte, me relaje y baje el volumen. Me regulo a través del otro, que en realidad no es el otro, soy yo ;-).
¿Me molesta la soberbia o la arrogancia o la prepotencia? ¿Qué tengo yo que ver con esto?
¿Me molesta el conflicto? ¿Qué tengo yo que ver con esto?
¿Me molesta el egoísmo? ¿Qué tengo yo que ver con esto?
¿Me molesta la exigencia, el perfeccionismo o el pasotismo? ¿Qué tengo yo que ver con esto?
¿Me molesta la manipulación, la hipocresía o la mentira? ¿Qué tengo yo que ver con esto?
¿Me molesta la dependencia o la independencia? ¿Qué tengo yo que ver con esto?
y como esto un sinfín de situaciones.

La idea de la charla es poner en evidencia, sacar a la luz, aquel personaje que nos creemos que somos y que sin darnos cuenta nos domina y nos controla. De esta manera podemos descubrir aquellos mecanismos inconscientes que no son yo (es mi ego) para dejar ver lo que realmente soy yo.

Aquello que rechazo es lo que me permite avanzar

Todo aquello que rechazo no es más que una proyección de algo mio que no acepto. Todo aquello que rechazo es una oportunidad de verme y para soltar aquel comportamiento reactivo que me impide vivir tranquilo.

La Aceptación

la aceptación el efecto espejo

la aceptación el efecto espejo

La mujer de Juan le critica siempre que no hace nada, que está siempre en el sofá sin ayudar en nada, y que siempre que le pide algo lo hace 2 días después. Ella le dice constantemente que no se da cuenta que ella hace la comida, limpia, ducha a los niños, los pone en la cama, compra y además trabaja, y que ella también está cansada cuando llega a casa. Ella le etiqueta de pasota, que va a su olla y que es un egoísta porque no piensa en ella. Ella ve egoísmo. Aquí viene la pregunta clave. ¿Qué ve ella de sí misma en Juan? Puede ver 2 cosas: o que ella és egoísta o todo lo contrario, que ella no se permite pensar en sí misma. Entendiendo esto, si quisiéramos “sanar” el patrón, la invitación no es (o si, cada uno decide ;-)) a hacer lo mismo que el otro para poder “integrar” aquella parte pasota de nosotros que no aceptamos. ¿Qué pasaría con los niños? ¿Vamos a ir sucios? Cuando comemos?

Ver esto nos invita a Amar esa cualidad que vemos en el otro. A Abrazarla y recuperarla en nosotros. A darnos cuenta que eso que rechazamos no es “malo”. Lo hacemos “malo” porqué nosotros no podemos aceptarlo. Ver esto nos invita a dar un salto al vacío y vivir aquellas situaciones de otra manera. Quizás sigamos haciéndolas, o quizás no, pero desde luego no vamos a sufrirlas. Ver esto nos invita a ser nosotros mismos, no nuestro personaje que quiere definirse como una persona superresponsable frente al otro que es superirresponsable, creando así una división ilusoria. Amar y Abrazar esa cualidad que rechazamos nos libera. Nos permite poder ver al otro sin reaccionar al “el” (a nuestro espejo) y poder ver que allí hay algo para mí.

Si en vez de reaccionar a Juan entiendo que me estoy viendo en él, y que eso a lo que reacciono es a mí mismo, me da un espacio no reactivo en el que respirar, observar, estar, Sentir y actuar desde otro sitio muy distinto. Me responsabilizo de lo que siento, de lo que soy, y tomo las riendas de mi vida y de mis acciones.

Una dependencia, una oportunidad

Una dependencia una oportunidad de liberación

Una dependencia una oportunidad de liberación

Detrás que cada una de mis dependencias, hay una puerta a mi liberación (si es que realmente existe algo como la dependencia o una puerta para salir de ella :-DD)

Una dependencia no es mas que aquello de lo que creo que dependo emocionalmente, es decir, que si no lo tengo y dependo de ello, cuando falta sufro. Por tanto la puedo llamar también adicción ;-P. Soy “yonki” de varias cosas… vamos a poner ejemplos:
La dependencia a mi imagen ( a estar siempre pendiente de como me ven o de lo que piensen de mi, a quedar bien, a que no me oigan los vecinos, a que me vean como un crack o como un tio/tia guay o como una persona perfecta o como alguien muy recto, disciplinado y ético o como alguien muy amable y atento,…),

la dependencia a una persona (a mi pareja, a mi hijo, a mi madre/madre, …),
la dependencia a algo material (a mi trabajo, al dinero, a la comida, chocolate, dulces, … al tabaco o al alcohol, a las medicinas, …),
la dependencia a la adrenalina, al control, a la seguridad, a mi independencia…

Cada uno de estos “enganches” tiene mil justificaciones y razones para estar ahí desde mi punto de vista. Lo justifico para no soltarlo. Porque me creo que me da seguridad, felicidad, estabilidad, pero es todo lo contrario. Ese vínculo que establezco me limita enormemente en una forma fija de estar en la vida. Rígida.
Si por ejemplo soy adicto al dulce, choco, helado,…. Esta adicción llega a condicionarme lo que hago en un día para poder conseguir esa “dosis”. Aquí suceden 2 cosas. 1. Que no me doy cuenta que soy una marioneta. 2- Que no me doy cuenta que quien lleva las riendas es mi mente, mi ego y no Yo.

Quizás, algún dia tengo un momento de lucidez y una vocecita dentro de mi dice: “¿pero que hago? ¿para qué? ¿cómo es que me dejo llevar por esto?”. Esta vocecita que ve esto ya no es el ego, ya no es la mente, es otra cosa. Soy YO. Es mi consciencia. Y este YO es el que esta oculto detrás del ruido de la mente que controla mis movimientos, mi cuerpo, mi vida.
Cuando pongo atención a aquellos mecanismos a los que soy dependiente, es decir, a todo aquello que si no lo tengo me hace sufrir, puedo observar que me sirven para escapar de una situación que no quiero sentir. Cuando cojo el pitillo, o el pastel, o lo que sea a lo que estoy enganchado, en aquel momento no estoy viviendo lo otro. ¿Y qué es lo otro? Pues aquella parte de mi que no quiero afrontar. ¿Y para qué voy a afrontarla? Pues no hace falta si no quieres, pero seguirás sufriendo cada vez que no la afrontes, e irás corriendo a por el piti o el pastel de turno que tapará esa sensación un rato; pero que al cabo de poco volverá. Y empezarás el bucle de nuevo: siento “tal cosa” -> no me gusta -> pastel -> ya no lo siento, ufff que bien -> pasa un rato -> siento de nuevo lo que no me gusta -> bucle 😀 Y así hasta que integro en mi aquello que no quiero aceptar.

¿Qué es aquello de lo que escapo? ¿Qué es aquello que no acepto? ¿Qué estrategia uso?
En estas estrategias que uso, y que se perfectamente cuales son, está la clave para librarme de ellas. Cada vez que sucede tengo la oportunidad de soltarla. Pero no lo hago. ¿Porqué? Miedo a ser libre. Miedo a la Felicidad, a la Paz, a la Serenidad,. Como cuando me saboteo el éxito o la abundancia. Todo depende de mi. Y esta accesible cada segundo de mi vida. Sólo tengo que ir a por ello.

¡¡¡¡A POR ELLOOOOOOOOOOOOO!!! 😀

Mis miedos señalan mi rumbo en la vida

mis miedos señalan mi rumbo en la vida

mis miedos señalan mi rumbo en la vida

Detrás de cada miedo hay una oportunidad de avanzar.
El miedo a decirle a alguien que “no”, el miedo a estar solo, el miedo a estar “enjaulado”, el miedo a fallar, el miedo a no ser capaz, el miedo a no ser atendido, el miedo al dolor y al sufrimiento, el miedo a no tener dinero, el miedo a hablar en público, el miedo al compromiso y a enraizarme,  el miedo a perder el control; todos ellos son oportunidades para avanzar libremente, pero a la vez son posibles trampas que me esclavizan.
El miedo no apunta hacia afuera: “normalmente digo… tengo miedo de decir NO por si se enfadan, por el lio que se va a armar,  porque son mi familia, etc..” Pero en realidad, el miedo apunta hacia adentro, hace evidente algo de nosotros,  no de fuera. Lo que al final sucede es: “tengo miedo de traspasar este miedo fruto de la inercia de toda mi vida porque no se que hay al otro lado”. Y en realidad, al otro lado esta la Libertad. Detrás de ese miedo se encuentra la libertad de la esclavitud de ese patrón de toda mi vida que me limita siempre de la misma manera en las mismas situaciones.
Fíjate que lo que siempre me impide traspasar mis miedos, es mi mente, que parlotea incesantemente dando argumentos y justificaciones a favor de ese miedo que obviamente siempre son los mejores argumentos para sostenerlo. Me auto como la cabeza y me auto convenzo dándome a mi mismo aquellos argumentos que se que son infalibles para no dar el salto.
Si mi miedo, por ejemplo, es a estar solo, ese miedo me controla y me lleva a estar constantemente pendiente de aquella persona (sea mi pareja o mi ex) y a depender o desear obsesivamente ese vínculo. El hecho de enfrentarme a este miedo y a abrirme a estar realmente solo, a ver que hay detrás, a mirar en mi, me abre un nuevo camino desconocido pero a la vez rico en el que posiblemente no me haya permitido nunca estar pero en el que me sentiré totalmente libre.
Si mi miedo, por ejemplo es a entregarme a una relación, ese miedo también me controla y me impulsa constantemente a buscar mi espacio, a escapar de la entrega. El hecho de enfrentarme a ese miedo y a abrirme a darme plenamente, me libera de la obsesión compulsiva de escapar, siempre buscando la paz en otro sitio. En la entrega a la relación, al momento tal como es, esta la paz interior.
Cada vez que traspaso un miedo, estoy más cerca del sitio donde tengo que estar.
Es como un laberinto. Donde hay un miedo parece que hay una pared que me obliga a franquearla e ir en otra dirección. Cuando franqueo la aparente pared y doy la vuelta me vuelvo a encontrar con esa misma aparente pared. Y asi infinitas veces hasta que me doy cuenta que no hay pared. Ni laberinto. Y cruzo. Allí aparece un camino limpio y recto, no circular.
Si soy una persona que tengo miedo a estar sola, debo vivir la soledad. Allí accederé a profundidad de mi ser. Si tengo miedo al compromiso y a perder mi libertad, debo entregarme plenamente a aquello que temo, y así sucesivamente. Allí veré que en la “soledad” no hay soledad ni sufrimiento una vez me entregue a ella, o veré que en la entrega no hay perdida de libertad.
La libertad, la soledad, etc.. no son más que construcciones mentales. No son reales.
¿Qué es la libertad? ¿Qué pasa si tengo miedo a perderla y me ENTREGO PLENAMENTE?
Si estoy entregado a la VIDA COMO ES, no me faltará nada. Disfrutaré cada segundo de esa vida, porque no estaré anhelando otra cosa.
Detrás de mis miedos está mi dirección en la vida.

¿Qué necesita mi vida de mi?

que necesita mi vida de mi
¿Qué nos pide nuestra vida? ¿Qué puedo ofrecerle a la vida, a la gente de mi entorno, al mundo, en cada momento?
¿Nos entregamos al 100% a lo que la vida nos sugiere?
Imagínate que eres una persona dependiente (en el grado que sea) y que tu pareja o hijo son muy independientes. Posiblemente sufras e intentes arrastrarlos hacia ti. ¿Qué es aquello que no estoy viendo y que me hace sufrir? La vida me invita a darle al otro aquello que precisamente no soy capaz… la libertad total. Y detrás de eso está mi Paz.
¿Y al revés?
Imaginate que eres muy independiente y tu pareja o hijos son muy absorventes. Posiblemente sufras y huyas. ¿Qué es aquello que no estoy viendo y que me hace sufrir? La vida me invita a darle todo aquello que no soy capaz… YO. La entrega total de mi. Y detrás de eso está mi Paz.
Fíjate que la vida siempre nos reclama aquello que creemos que no somos capaces de dar. Aquella “mitad” de nosotros que no contemplamos como nuestra. Si soy muy entregado a los otros no me permito darme a mi, si soy muy egoista no me permito dar a los otros. Si soy muy flexible y voy a la mía no me permito estructurarme lo más mínimo, y si soy muy rígido no me permito soltarlo y ser más tolerante. Y pecisamente la vida me muesta dia a dia, momento a momento esa otra mitad que no le estoy entregando.
Cuando nos hacemos esta pregunta: ¿Qué necesita mi vida de mi? Parece que la respuesta apunte hacia la aportación a la vida desde una profesión como bombero, maestro, ingeniero, .. Parece que hayamos venido a “hacer algo”. Pero no es solo eso. Venimos a entregarnos. Y entregarnos significa Dar, aportarle a cada persona una cosa distinta a cada momento.  Cada encuentro, cada persona con las que nos relacionamos, requiere de algo nuestro para que la conexión sea fluida. Si no entregamos aquello necesario para que el encuentro sea natural, habrá lucha y rechazo. Cada encuentro es una oportunidad para dejarnos llevar por aquello que ese momento requiere y que algunas veces no somos capaces de dar. Es una SIMBIOSIS múltple en cada instante de la vida.  Observa: cuando estamos en un bosque, todo esta en armonia; los árboles con los pájaros, con los insectos, con las plantas, con los animales, etc… hay una sincronia perfecta. El ruido de nuestra mente nos impide poder fluir de esa misma manera. La solución está en cada uno de los momentos de nuestra vida. Cada persona nos muestra aquello que no estamos siendo capaces de dale a la vida. Y eso es nuestra limitación mental. Ese ruido incesante que no nos deja SER UNO con la vida misma.
¿Qué es aquello que me esta costando darle a la vida, a cada uno de los elementos que la componen? ¿Qué me cuesta darle a mi pareja? Y a mis hijos? Y a mi socio, jefe, compañero? y a mis padres? Y a mis amigos?
¿Que he venido a dar a la vida? Aquello que la vida me pide en cada momento y precisamente aquello que más me cuesta, aquello a lo que me resisto es lo que he venido a DAR. Cuando pueda DAR incondicionalmente ya no habrá más lucha. Solo VIDA, ENTREGA, AMOR porque es la única manera de que todo este de nuevo en ARMONIA y FLUIDO.

La vocecita interior, la intuición, marca el Rumbo.

Eschuchar aquella Vocecita que lleva el Rumbo. La intuición

Eschuchar aquella Vocecita que lleva el Rumbo. La intuición

En el mundo “espiritual” o del crecimiento personal se escucha mucho lo de: “en el sentir está la respuesta” o “déjate guiar por lo que sientes” o “déjame que lo sienta y te respondo” o “yo siento que esto no debe ser así”,… A mi personalmente este tipo de frases que usaban “sentir” en todos lados me generó confusión durante mucho tiempo. Incluso frases como “escucha a tu corazón” generan ese tipo de confusión. Muchas personas relacionan corazón con lo que están sintiendo emocionalmente.
¿Qué es sentir? Para mi, sentir, significa sentir mis emociones. Sentir la tristeza, la ira, el miedo… o sentir el rechazo, la indiferencia, la soberbia, …y es el sentir con el que nos han educado siempre.

Pero… ¿es este sentir al que hacen referencia las frases espirituales?

El sentir al que estamos acostumbrados es un sentir en minúsculas. Es emocional, es más intenso, es potente, es superficial y es arrollador. Hay otro SENTIR en mayúsculas, que precisamente es más sutil, más profundo, claro y auténtico.
Lo que nos pasa es que el sentir es tan ruidoso que no escuchamos el SENTIR.
Debemos permitirnos sentir para SENTIR. En vez de dejarnos controlar por nuestras emociones (reprimirlas o reaccionar a ellas) hay otro camino que podemos seguir. Si dejamos que la emoción suceda, libre de juicio o pensamiento hacia ella o hacia la situación que la genera, esta emoción que sentimos se libera, se transforma y por tanto nos libera también a nosotros. Cuando el ruido desaparece, aparece el silencio, el SENTIR, la Claridad, el Saber.

Imagínate que estás en casa y estás harto de tu pareja. No puedes más. Estás sintiendo desde hace mucho una rabia y unas ganas de irte y mandarla a paseo que no puedes más. Si alguien te pregunta… ¿qué harás? posiblemente le dirías que sientes que no puedes más con eso y que sientes que tienes que dejarlo. Y seguro que tienes muchas razones y justificaciones para ello jajajaja. Pero eso no es SENTIR. Eso es sentir. No hay claridad. Por supuesto que puedes dejar a tu pareja, y empezar una vida nueva… pero ese sentir se va a repetir de nuevo con tu nueva pareja. No hay Claridad. Sólo reactividad. Si te fijas más profundamente, en aquellos momentos que sientes que “matarías” a tu pareja, Sabes en el fondo que eso no tiene que ver con ella, tiene que ver contigo. Eso es SENTIR. Esa voz interior que Sabe que hay algo más allá.
Os suena lo típico de: “sabía que tenía que haber hecho eso y no lo otro! pero no me hice caso” Esa vocecita de fondo, eso es SENTIR.

Integra los polos. Líbrate de las cadenas.

Integra las polaridades. Líbrate de las cadenas.

Integra las polaridades. Líbrate de las cadenas.

El aparente “problema” radica cuando me creo que hay UN camino a la felicidad o a la paz. Si estoy enganchado en un tema, la pareja, el trabajo, el dinero, … normalmente me creo que si “soluciono” ESO se me acabará el problema. ¿Cuantas veces en mi vida he estado enganchado en algo, y al solucionarse, al cabo de poco volvía a estar de nuevo enganchado en algo? Fíjate. El “problema” no es aquello que te hace sufrir, no es aquel ALGO al que estás enganchado. El “problema” es el hecho de estar “enganchado” allí. Y eso lo decides tu. Cualquier circunstancia de la vida, simplemente es una circunstancia.
Si lo miras de lejos verás que otras personas están en la misma circunstancia y no lo viven igual. ¿Cómo es eso posible? Y puedes ver que no tiene sentido.
Si lo miras de muy cerca no podrás encontrar el problema en sí. No existe. Aquello a lo que le tienes tanto miedo o que te hace sufrir tanto, ya te ha pasado antes otras veces… ¡y estás vivo! Cómo es eso posible? Y puedes ver que no tiene sentido.
Solo te agobias cuando lo miras desde ti mismo. Desde tu pensamiento. Desde lo que tu te crees que eres. Desde tu manera de ver el mundo.
¿Y entonces porque mirar desde “mi mismo” produce eso?
Me quedo únicamente con mi punto de vista. Mi opinión. Me creo que esa es la manera de ver y de vivir esa situación y no puedo ver otras. Estando encerrado en esa cárcel de estrechos muros no puedo ni girarme. Si soy una persona exigente, rígida, inflexible y controladora y que todo tiene que ser a mi manera, todo aquello que se salga de esta estructura hará temblar los cimientos de mi ego. Por tanto al ver una persona flexible, que va más a su rollo, me va a producir movimientos internos que precisamente me muestran que soy una persona rígida. Ahí tengo la solución. Pero debo querer primero de todo verla (ver que soy rígido y que no acepto la flexibilidad) y segundo debo querer integrar en mi esa flexibilidad perdida. En el momento en que integramos los dos polos en nosotros mismos, nos liberamos de la esclavitud de uno de ellos.